En 1985, en Buenos Aires, empezamos fabricando piezas pensadas para durar. Con el tiempo, sumamos diseño propio, mejores materiales y procesos más precisos, pero seguimos mirando cada utensilio como si fuera para nuestra propia cocina.
El barrio marcó el carácter del taller: cercano, honesto y práctico. Hoy combinamos tradición de oficio con una estética más limpia, para que cada pieza funcione bien y también se vea bien.